La noche del solsticio de verano puso la llave en su departamento, tras haber comprado provisiones para varios meses. Doscientas latas de atún, doscientas de frijoles, diez garrafones de agua, veinticinco bolsas de verduras con las que atiborró el congelador, doce docenas de huevo, una caja con doce paquetes de tostadas. Cerró las cortinas para no salir más. Pagó seis meses de renta por adelantado. Se propuso encontrar el sentido del mundo. Hallar al dios detrás de todas las cosas. Su método puede ser cuestionable, pero se aplicó con tal fervor que podríamos decir que sus hallazgos, si es que son tales, podrían en efecto revelar que hay una trama detrás de todo esto.
Pero habría primero que preguntar qué es todo esto. Partamos del principio de que esto yo lo redacto en un código de lenguaje, lo traduzco a un alfabeto, pulso con ese sentido las teclas que, a su vez, en la computadora, se traducen en caracteres binarios, que son a su vez traducidos a un protocolo que permite que estas palabras sean retraducidas a letras visibles en una pantalla cualquiera que en tu mente se transforman en impulsos bioeléctricos que conforman ideas. Lo que no queda aquí claro es que hay un punto invisible del proceso, algo oculto entre los saltos de un código a otro. Las ideas que están detrás de las ideas. El tejido que subyace a todas las transformaciones del pensamiento. Ese tejido es el que él se propuso buscar.
Partió de la idea de que una frase puede ser retraducida infinitamente de un idioma a otro hasta perder por completo el sentido. Sin embargo, luego de todas las traducciones, llegaría a una traducción estable, que independientemente del idioma al que sea retraducida, se mantendría sin variaciones. Llegar a esas ideas intraducibles le permitiría vislumbrar las ideas fijas, firmes, que son las escamas del dios, su coraza.
Introdujo a su computadora versículos del Corán y de la Biblia. Canciones de los Tigres del Norte. Poemas de Octavio Paz. El Himno Nacional Mexicano. Diálogos tomados al azar en reality shows. Entradas de Wikipedia. Discursos políticos. Lemas publicitarios. Los ingredientes de las latas de atún y de frijoles. Los colocó al azar y los tradujo a una veintena de lenguas.Y luego leía el resultado final, absurdo, oscuro, y meditaba en él.
Una noche soñó que podía mirar al otro lado de las cosas. Y lo que vio lo espantó.
Poco a poco la oscuridad se fue transformando en luz y finalmente, una mañana del equinoccio de primavera, salió finalmente de su encierro, con la barba espesa, la piel agrietada, olorosa por falta de baño, los dientes amarillos. Fue al parque y, sentado en una banca, se puso a dictar su Primera Enseñanza:
La iluminación no funciona en la danza,
en el movimiento de mujeres
los Estados Unidos es el mareo.
Pare tan pronto como nos sea posible.
Atrasado, y no un diamante
Farr fue detenido en la comida
o sin el consumo de refrigeración
el rango es de color gris.
La espada y el fuego, y la escultura,
rápida para matar a los hambrientos.
Absorción y después de la absorción de la estrella:
cuerpo, y la repetición de
cataratas dispersas blanco
abra el agua y la oscuridad.
Las Enseñanzas del Profeta le han valido ya una multitud de exégesis. Llamó de inmediato la atención que se mencionara a un tal Farr, detenido en la comida. Como ya es ampliamente sabido, por un efecto sincrónico, al momento que el Profeta pronunciaba su discurso, al otro lado del mundo, Jonathan Farr fue detenido por oficiales de rango gris del FBI mientras comía alimentos no refrigerados durante un fatal retraso de la aerolínea donde iba a viajar. Se le acusó de trata de blancas en la Unión Americana, convertidas luego en bailarinas exóticas (“mal iluminadas”). Se le encontró un diamante en una bolsa del saco. Destaca también ese llamado perentorio: Pare tan pronto como nos sea posible. Enigmáticas palabras que Farr pronunció al darse cuenta de su inminente detención. Opuso resistencia y se ocultó detrás de una escultura. Los oficiales dispararon, poniendo en peligro la vida de varios comensales. Algunos especialistas vieron hacia la segunda parte un tratado científico sobre el núcleo de diamante de las estrellas enanas.
Cabe, por último, mencionar que todos coinciden en señalar este poema de Octavio Paz —totalmente desvirtuado por las múltiples traducciones y, por lo tanto, ya revelado en su significado profundo— como el origen, lejano, aún primitivo, de la Primera Enseñanza:
Inmóvil en la luz, pero danzante,
tu movimiento a la quietud se cría
en la cima del vértigo se alía
deteniendo, no al vuelo, sí al instante.
Luz que no se derrama, ya diamante,
detenido esplendor del mediodía,
sol que no se consume ni se enfría
de cenizas y fuego equidistante.
Espada, llama, incendio cincelado,
que ni mi sed aviva ni la mata,
absorta luz, lucero ensimismado:
tu cuerpo de sí mismo se desata
y cae y se dispersa tu blancura
y vuelves a ser agua y tierra oscura.